América Latina históricamente ha sido un territorio fértil en la luchas de los movimientos sociales urbanos, los pobladores han sido protagonistas del desarrollo y construcción de nuestras ciudades, a través de la autoconstrucción, la autogestión, la organización y la lucha socio-política por un lugar en la ciudad y por el derecho a la vivienda. Barrios marginales, favelas, ciudades perdidas, colonias populares, pueblos jóvenes, loteamientos piratas, barriadas, rancheríos pobres, villas miseria, poblaciones, tugurios, conventillos, solares, cuarterías, allegados, son algunos de los diferentes nombres que adquieren estos territorios dependiendo del país de América Latina al que pertenezcan.
Los primeros en exponer en la mesa sobre “Los Movimientos de Luchas por la Vivienda en América Latina” fueron los representantes de Argentina Lidia Escalante y Francisco Arrúa, ambos de la Unión de Familias Obreras de Buenos Aires, una mutual de habitantes del barrio de San Miguel y que trabajan en la Universidad General Sarmiento. Expusieron sobre el caso de Buenos Aires, como una gran Metrópolis, que cada 10 años crece en 2 millones de habitantes, teniendo actualmente más de 15 millones. Describieron como la vivienda actualmente es sólo un bien transable en el mercado, pero que frente a eso aparecen procesos alternativos de autogestión por la urgencia de un lugar donde habitar.
Destacaron los procesos recientes de tomas de terreno en la ciudad de Buenos Aires, los cuales en muchos casos han sido apoyados por algunas Universidades, sus académicos y estudiantes, generándose una interesante oportunidad de colaboración entre el movimiento social y el rol social de las Universidades. Entregaron el paradójico dato de que actualmente existen en el gran Buenos Aires aproximadamente unas 300.000 viviendas deshabitadas, por diferentes razones, pero especialmente en procesos de especulación, y que por el contrario el déficit de vivienda en la misma ciudad al año alcanza la cifra de 400.000 unidades. Es decir, se podría superar gran parte del déficit, requisando las viviendas deshabitadas que generan un mercado especulativo.
Finalmente expusieron el proceso de luchas que han dado variadas organizaciones y movimientos con el objetivo de diseñar e instalar un propuesta de “Ley de Promoción del Hábitat Popular en la Provincia de Buenos Aires”, donde el proceso de colaboración entre la Universidad y las organizaciones ha sido clave.
El proyecto de ley se basa en tres principios fundamentales. En primer lugar, plantea pasar del derecho individual/liberal a la vivienda, a una noción de derecho colectivo y territorial a la ciudad. En segundo lugar, la función social de la propiedad: el proyecto se centra en el precepto constitucional de la garantía de la propiedad privada aunque ésta tiene una hipoteca social que debe cumplir y es a través de esta noción, que se puede avanzar en la redistribución social de las altísimas rentas que se generan en el proceso de desarrollo urbano. En tercer lugar, la gestión democrática de la ciudad, a partir de la cual se garantiza la participación y el control social en los planes y proyectos habitacionales y que se reforzará por medio de un Consejo Provincial de Vivienda y Hábitat.[1]
En segundo lugar expuso el arquitecto y académico de la Universidad de Chile, Claudio Pulgar Pinaud, quien comenzó por hacer una revisión histórica del papel de los movimientos de pobladores en Chile, especialmente destacando su rol en la producción de la ciudad durante el siglo XX, y de como además se convirtieron en importantes actores políticos sobretodo a partir de finales de los años 50 con las grandes ocupaciones de terrenos organizadas por ellos mismos. Luego su importante papel en las transformaciones políticas y urbanas en la década de los 60s y sobretodo en el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende.
Los movimientos de pobladores jugaron un rol clave también como movimiento organizado en la resistencia a la dictadura de Pinochet, sobretodo con iniciativas para tener un lugar en la ciudad y de sobrevivencia frente a los altos índices de pobreza. Las políticas neoliberales planificadamente desde finales de los 70s comenzaron a expulsarlos a las periferias creando verdaderos guetos de pobreza, gracias a las políticas subsidiarias de vivienda de baja calidad implementadas.
Luego expuso sobre el resurgir del movimiento de lucha por la vivienda en Chile, en especial desde 1999 con la toma de terrenos de Peñalolén, pero sobre todo los movimientos sociales y los procesos que han desarrollado de autogestión en diferentes territorios los últimos 5 años. Movimientos como el de Pobladores en Lucha de Peñalolén (MPL) , el Movimiento Pueblo Sin Techo en La Pintana (MPST) y el movimiento de deudores habitacionales ANDHA Chile a luchar democrático a nivel nacional, han demostrado la vigencia y actualidad del movimiento de pobladores heredero del movimiento que tuvo gran protagonismo en la segunda mitad del siglo XX en Chile.
Finalmente expuso su hipótesis de cómo el terremoto y maremoto del 27 de febrero de 2010 precipitaron algunos procesos sociales en el Chile actual. Denominó a este proceso como un doble movimiento telúrico y social, que comenzó el 2010 y que no ha hecho más que acelerarse cada día, primero fue la solidaridad frente a la catástrofe y luego ha sido la toma de consciencia de la realidad que miles de chilenos viven a diario. El terremoto y maremoto pusieron en evidencia las desigualdades de la sociedad chilena y al mismo tiempo lograron que la gente se reencontrará y comenzará a organizarse.
Destacó el rol de los movimientos sociales en el proceso de reconstrucción posterior al terremoto de 2010, indicando que ellos han instalado los temas de participación y de derecho a la vivienda y a la ciudad . Han sido capaces de organizarse a nivel nacional, a pesar de que no han tenido como interlocutor al gobierno que los ha dejado de lado luego de tardías mesas de trabajo inconclusas e inconducentes. Por un lado señaló al Movimiento Nacional por la Reconstrucción Justa (MNRJ) que ha sido capaz de agrupar a los damnificados de muchas de las localidades afectadas entre Santiago y Talcahuano desde principios de 2011. Por otro lado a la Federación Nacional de Pobladores (FENAPO) que nace justo después del terremoto para ir en ayuda directa de los damnificados y que agrupa principalmente a deudores y allegados, pero también a damnificados, con presencia en todo el país. Ambos son movimientos de movimientos, es decir, agrupan a nivel nacional a movimientos con base local. El último 27 de febrero de 2012, a dos años del terremoto, ambos MNRJ y FENAPO se han unido y han realizado un congreso de pobladores en la localidad de Dichato, una de las más afectadas por el tsunami, y ahora preparan un nuevo congreso de pobladores en Santiago en agosto de 2012.
Indicó que ambos movimientos quieren participar en la producción social de la ciudad y tienen una mirada crítica a la institucionalidad y las políticas urbanas, de vivienda y reconstrucción. Demandan el derecho a la ciudad; a transformar las políticas de medición de la pobreza (Ficha CAS /protección Social FPS); a generar espacios para la autogestión de proyectos habitacionales y herramientas para controlar la especulación con el suelo urbano así como participar de la planificación urbana, entre otras medidas que van más allá del objeto-vivienda, eso que despectivamente llamamos “viviendismo”. Sus demandas a diferencia de los programas vigentes si tienen que ver con construir proyectos de vida cuando dicen por ejemplo que “su sueño es más grande que la casa” y se vinculan a luchas por otros derechos sociales. Han realizado un proceso similar al de los habitantes de Buenos Aires, tratando de proponer una ley de vivienda popular, que incluya la autogestión como principal instrumento de producción de la ciudad, pero las autoridades no han sido receptivas con estas propuestas.
Destacó además el rol que pueden cumplir las Universidades Públicas en colaboración con los movimientos sociales. Es así como en marzo de 2011 comentó el proceso desarrollado en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad de Chile con el curso de formación general denominado Consultorio de Arquitectura FAU: hábitat, comunidad, participación, como una iniciativa de la Unidad de Responsabilidad Social Universitaria de la Dirección de Extensión de la FAU en conjunto con el Instituto de la Vivienda (INVI) de la misma Facultad. Coordinado por el académico Claudio Pulgar.
Este primer Consultorio de Arquitectura en Chile pretendió integrar trabajo docente, de investigación y especialmente de extensión. Se planteó realizar el curso de formación general como un programa piloto durante el primer semestre 2011 en la carrera de Arquitectura, con la posibilidad de que participarán otros estudiantes de las carreras de Diseño y Geografía de la misma Facultad. Los objetivos generales del Consultorio de Arquitectura de la Universidad de Chile fueron construir un espacio de trabajo-práctico colaborativo entre académicos, estudiantes y habitantes en proyectos reales, de diferentes escalas y tipo, en los que se utilizan metodologías de diseño participativo especialmente en entornos sociales excluidos al acceso de apoyo técnico profesional y social. Durante 2011 se trabajó apoyando el trabajo de la Federación Nacional de Pobladores FENAPO, en las comunas de La Pintana, Peñalolén y Maipú.
Se discutieron además como iniciativas como la SELVIP, Secretaria Latinoamericana de la Vivienda Popular, que agrupa a diferentes movimientos de América Latina pueden llegar a ser espacios de verdadera integración de las luchas por la vivienda a nivel continental. Entre los movimientos que participan de esta iniciativa destacan: la Unión Nacional por Moradia Popular (UNMP) de Brasil; el Movimiento de Pobladores de Venezuela; el Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI) de Argentina; la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM) y la Federación Nacional de Pobladores (FENAPO) de Chile.
Finalmente los representantes de Brasil expusieron a partir de sus experiencias, fue así como participaron un par de profesoras que participan del MST (movimiento sin tierras) destacando el papel central que este movimiento le ha dado a la educación popular. En estos procesos relataron como el protagonismo de la comunidad es clave, sobre todo en la gestión de las escuelas, así como en la participación de profesores militantes de movimiento social. Los representantes de Argentina y de Chile coincidieron en la importancia y compartieron algunas experiencias comunes en este sentido.
Para el caso de Curitiba expuso la experiencia del movimiento de lucha por la vivienda una de sus militantes, que también participó del equipo de organizadores del CEPIAL, Ana Paula Rainho, quien comentó como se habían iniciado reciente procesos de ocupación de terrenos en la ciudad de Curitiba, y que la imagen de ciudad modelo que se proyectaba no era tal, sino que se trataba de una ciudad segregada, donde los pobres estaban invisibilizados en las periferias.
Para cerrar el debate tuvieron una destacada participación una delegación del movimiento de mujeres recicladoras (movemento das Mulheres Catadoras de Recicláveis). Ellas expusieron sus luchas por el derecho a la vivienda y a la ciudad, en diferentes puntos de Brasil. Destacando como su rol de trabajadoras precarias y mujeres las hacía quedar fuera de muchas políticas sociales, sobretodo las de vivienda en Brasil. Expusieron sus propias experiencias en torno a la vulnerabilidad y exclusión.
Finalmente luego de una intensa jornada de intercambios y discusión, una de las principales conclusiones de la mesa fue que la trayectoria compartida por los movimientos de lucha por la vivienda y la ciudad en América Latina era la misma (con sus diversidades locales) y debían generarse los canales y espacios de convergencia. Además que la principal lucha tanto en el campo como en la ciudad era la lucha por la tierra. Y de que existen alternativas a la ciudad neoliberal, a la propiedad privada y al individualismo. Las experiencias compartidas sobre propiedad colectiva, procesos de autogestión, de educación popular y de cooperación y colaboración lo demostraron, así como el rol que tienen las Universidades Públicas en conjunto con los movimientos sociales. Muchas preguntas quedaron por responder, muchos desafíos por abordar, pero el camino de la integración latinoamericana y de las luchas por la vivienda ha dado un nuevo paso gracias a la CEPIAL.
Texto: Cláudio Pinaud Pulghar
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